Detrás de toda máscara hay un rostro, y tras ese rostro, otro misterio
Oscar Wilde
La mañana en Belmont Enterprises se movía con su habitual ritmo afilado. Secretarias entrando y saliendo con carpetas, llamadas cruzadas, decisiones millonarias filtrándose entre sorbos de café. Pero Logan estaba ahí… solo en apariencia.
Sentado frente a su escritorio, los codos sobre la superficie pulida, la mirada perdida en la ciudad más allá del ventanal, se sentía como un extraño dentro de su propio cuerpo. H