La mentira que lo cambia todo
El despacho de Logan estaba envuelto en penumbras, como si la oscuridad conspirara con sus secretos. Las persianas bajadas filtraban la luz de la tarde, tiñendo el aire de un gris opaco, un presagio que pesaba en el silencio.
Logan permanecía de pie frente al ventanal, con la mirada perdida en el horizonte de la ciudad, pero sin verla realmente. Sus manos, hundidas en los bolsillos del pantalón, apretaban los puños con fuerza, como si quisieran contener el torbellin