El peso de la mentira
El salón de conferencias del Hotel Savoy estaba abarrotado, un hervidero de flashes, cámaras y murmullos venenosos que zumbaban como un enjambre a punto de atacar. Sophie avanzó con paso firme, pero el zumbido en sus oídos traicionaba el pánico que le subía por el pecho como una marea.
Frente a ella, una muralla de periodistas, ansiosos por oler sangre, alzaba micrófonos como lanzas, rodeándola sin compasión. Se detuvo detrás del podio, el cristal levemente empañado por la