Ecos del pasado
La luz matinal entraba oblicua a través de los ventanales de la oficina de Logan Belmont, tiñendo la madera oscura y el cristal con reflejos dorados que no lograban calentar la frialdad que se respiraba en el aire. El silencio era denso, envolvente, solo interrumpido por el leve rasgueo de un lápiz que se movía sin dirección sobre un bloc de notas.
No dibujaba ideas. Dibujaba el peso de un recuerdo.
En su mente no había espacio para proyecciones ni contratos. Solo una imagen que