Capítulo 20: Sinceramente, juntos.
Desperté antes de que el sol terminara de romper el horizonte. El aroma a café recién hecho inundaba la casa parroquial, un bálsamo embriagador en una mañana que se sentía inusualmente fría. A pesar del clima, la casa estaba temperada, cálida, como si los muros mismos quisieran protegerme del frío que aún sentía en los huesos tras la noticia de ayer.
Anoche no pude articular palabra. Me dejé envolver por el silencio de Idara, por sus manos suaves que me sostuvieron mientras yo intentaba no nauf