Una semana había pasado desde que la señora Clara de Sousa exhaló su último suspiro, llevándose consigo una era de secretos y dejando tras de sí un terremoto que aún hacía vibrar los cimientos de mi existencia. Siete días de un silencio sepulcral por parte de Luciana, de sus abogados y del pueblo mismo, que parecía haberme otorgado una tregua tácita, o quizás era solo la calma que precede a la tormenta más devastadora.
Me había refugiado en la finca, sumergiéndome en el trabajo físico junto a S