CAPÍTULO 27
Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que estaba en una habitación. El recuerdo repentino de lo que sucedió, penetró su cerebro y Sydney se movió inquieta. Una mujer se asomó por la puerta, sonrió con alegría y desapareció. Volvió unos minutos más tarde con una bandeja llena de comida.
—Debe tener mucha hambre —hablo con voz dulce—. Por favor, coma un poco. Hay un hombre, más bien dos, que quieren verla.
Arregló la bandeja sobre la cama, frente a Sydney. Le acomodó bien las almohad