CAPÍTULO 34
—Pero, lo pude convencer, de que te amaba con todo mi corazón y de que no me había aprovechado de las circunstancias en que te encontrabas.
Elizabeth se ruborizó.
—Pero lo hiciste, ¿no es cierto?
—Ah, pero no lo hice hasta que estaba ya casi loco de desesperación. Ningún hombre ha sufrido lo que yo, amore. Conocía y despreciaba a Sydney, no podía perdonarla por lo que me había hecho. Y, sin embargo, me estaba enamorando irremediablemente de la mujer que tanto odiaba. Casi perdí la r