CAPÍTULO 22
La atrajo hacia él y sus manos exploraron las líneas de su cuerpo; su boca buscó y encontró sus pechos, Sydney sintió que se enloquecía de pasión. Su cuerpo se convirtió en una llama ardiente en los brazos de Salvatore, concentrada solo en el hombre que la tenía en sus brazos, en la satisfacción de una necesidad tan grande, que el sol brillante de arriba y el duro suelo sobre el que yacía, le parecían inexistentes.
Sydney le recorrió el torso desnudo con las palmas de las manos. La