CAPÍTULO 23
El sol y el cielo se mezclaban con los maravillosos olores de la tierra que despertaba con la primavera, y todo ello se convirtió en parte de la plena satisfacción de Sydney. Se dio cuenta, vagamente, de la repentina y absoluta inmovilidad del cuerpo de su esposo por un instante; pero era tan intenso su placer que decidió no ahondar en las razones por las que se había quedado tan quieto. Entonces, en la belleza del amor compartido y en la gloriosa lasitud que siguió a ella, todo lo