Capítulo setenta: Nos pertenecemos
Daban las diez de la noche y Thalia ya estaba lista. Se miraba al espejo acariciando la suave tela de su vestido de seda notando el fresco de la noche en su espalda desnuda.
La pieza se anudaba en el cuello, y tenía un escote de espalda hasta la entrada de los glúteos, era escandalosamente atrevido y excepcionalmente bello. Praxis había elegido con gusto erótico aquel vestido que por delante también era escotado hasta casi el ombligo, solo una mujer con la fi