Capítulo sesenta y cuatro: Pídeme lo que quieras
—¡Bésame!
—¿Cómo? —el griego estaba casi sobre sus labios y quería una certeza para lo que iba a hacer—. Repítelo para que esté seguro de que quieres lo que pides y después no me tildes de miserable porque no sabes cuanto te voy a besar nena —ella temblaba en sus manos—, no sabes las ganas que te tengo y cuanto quiero hacerte feliz.
—¡Dios, Praxis hazme el amor, házmelo ya!
Praxis no necesito de nada más que aquello para levantarla en brazos y s