Capítulo cincuenta y siete. El eco de su respiración.
El sonido constante del monitor cardíaco se había convertido en el reloj del alma de Ariadna López.
Cada pitido era una plegaria.
Cada respiración asistida, un latido que ella no estaba dispuesta a perder.
El hospital privado donde Andreas permanecía ingresado parecía un templo de cristal y silencio. Las persianas estaban siempre medio abiertas, dejando pasar una luz grisácea que se deslizaba sobre el rostro inmóvil del magnate.
Su piel, ant