Capítulo cincuenta. El pasado siempre regresa.
El amanecer sobre Atenas parecía ajeno al caos que se cernía sobre la villa Konstantinos.
Los primeros rayos del sol se filtraban entre las cortinas del dormitorio principal, bañando en luz dorada la habitación donde Andreas y Ariadna permanecían en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos.
Él se había levantado temprano, vestido con una camisa blanca sin abotonar y los ojos fijos en el horizonte.
Ella, recostada sobre la cama, lo observaba d