Capítulo cuarenta y nueve. El enemigo frente a frente.
El salón privado del hotel Astir Palace estaba vacío, excepto por dos hombres.
De un lado, Andreas Karras: impecablemente vestido, su porte imponente como un muro inquebrantable.
Del otro, Dimitrios Stavros: con su sonrisa torcida, el rostro curtido por los años y una arrogancia que se respiraba como veneno.
Entre ellos, una mesa de mármol separaba dos mundos: el poder legítimo y la corrupción vestida de éxito.
—Qué sorpresa verte sin tus g