Capítulo treinta y ocho: Te quiero y no te dejaré.
Gael no podía dejar de dar vueltas en la habitación. Se estaba volviendo loco y no era dueño de sus actos. Algo que lo asustó muchísimo, porque en aquellas condiciones, era capaz de cometer cualquier locura.
—¡Ve a hablar con ella!
Gael estuvo a punto de tirar el móvil, airado.
— ¿Sabes una cosa, Dorian? Estoy harto de tus consejos. Iré a ver a Olivia cuando yo decida que ha llegado el momento.
—Siempre serás un cabezota — protestó su