Capítulo veintiuno. Un mensaje del enemigo.
La segunda noche en prisión fue más dura que la primera. Ariadna apenas había dormido, entre los murmullos de las reclusas y el ruido metálico de los cerrojos. El frío se colaba por las paredes desnudas, y cada segundo parecía un recordatorio de que había caído en una trampa perfectamente tejida.
Se obligaba a mantenerse firme, recordando la promesa de Andreas. Pero algo en el ambiente esa noche era distinto.
Mientras bebía un vaso de agua del pequeño