Capítulo trece. Sangre de hermanos.
La noche en Miconos ardía con un silencio roto por motores y gritos a lo lejos. El coche donde Leonidas mantenía atrapada a Ariadna estaba detenido frente al vehículo que Andreas había usado para bloquear el paso.
Ariadna sentía su corazón desbocado, golpeando contra sus costillas como un tambor de guerra. Andreas estaba allí, de pie bajo la luz intermitente de un farol, con los puños cerrados y la furia contenida en cada músculo de su cuerpo.
Leonidas, en ca