Capítulo doce. El golpe del enemigo
El día de la gala amaneció con un aire inquietante. La villa estaba llena de movimiento: decoradores corriendo de un lado a otro, músicos probando instrumentos, camareros ultimando detalles. A simple vista todo parecía bajo control, pero Ariadna sentía un nudo en el estómago que no lograba desatar.
La noche anterior, después del encuentro con Leonidas, había dormido poco y mal. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba su voz burlona advirtiéndole que Andreas