Alexander y Andy estaban allí, de pie, observando. Ni Mark ni yo nos habíamos dado cuenta de su presencia; habían estado demasiado callados. Fue Andy quien se había reído hace un momento, rompiendo el silencio.
El rostro de Alexander era inexpresivo. Sus ojos, negros y penetrantes, irradiaban un peligro frío e impredecible. Había en él una autoridad que imponía respeto sin necesidad de una sola palabra.
El ambiente se volvió tenso de inmediato, casi irrespirable.
¿Qué hacía Alexander Brook en e