Un camarero se acercó.
—Su comida para llevar está lista.
Maya miró el empaque elegante.
—Gracias —respondió.
—A su servicio.
Salió del restaurante con la bolsa en mano. Lo primero que hizo tras alejarse del hotel fue llamar a la Sra. Fine.
Encontró un teléfono público y marcó.
—Sra. Fine, soy yo —susurró.
—¿Maya? ¡Dios mío! ¿Dónde estabas? Te fuiste muy temprano. Había vidrio roto y sangre en tu habitación. ¿Estás bien?
—¡No tienes idea de lo que pasó anoche! ¡Ese hombre apareció en la casa! —