Incluso si tenía que mendigar para sobrevivir, no aceptaría su dinero.
Él ya no era nadie para ella.
Justo cuando se dirigía a la salida del hospital, su teléfono comenzó a sonar. Era un número desconocido.
—¿Quién será ahora? —murmuró, contestando con cautela.
—¿Hola?
Una voz profunda y dominante resonó al otro lado de la línea.
—¿Dónde estás?
Maya se quedó helada.
Esa voz…
—¿Señor Brook? ¿Marcó el número equivocado? —preguntó, desconcertada.
—No me hagas repetir la pregunta —replicó él con to