Capítulo 29

Maya miró la taza en su mano, luego el balde, y finalmente se dejó caer sobre la cama, derrotada.

—Dios mío… ¡me acabo de beber el agua para remojar los pies!

Los niños la miraron con los ojos muy abiertos y las bocas entreabiertas.

Por suerte, solo eran sales, sin consecuencias graves.

Nanny los sacó de la habitación con suavidad.

—Vamos, déjenla descansar. —Luego se volvió hacia Maya—. Remoja los pies y relájate. En un rato te traeré el té, que si debes tomar.

Maya asintió mientras decía: —Yo
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