Valentina llegó al despacho de Laura una tarde de jueves, sostenida de la mano de Nora, que tenía una cita médica que no podía posponer.
—Solo unas horas —dijo Nora, dejando una bolsa con merienda y algunos juguetes pequeños sobre la mesa del despacho—. Vuelvo antes de las seis.
—Tómate el tiempo que necesites —respondió Laura, ya agachándose para saludar a su nieta, que la miraba con esa mezcla de timidez y curiosidad propia de sus cuatro años.
Nora se fue.
Valentina se quedó parada en medio d