El tren salió de la estación de Chamartín a las siete y cuarenta.
Laura había dormido mal la noche anterior, no por ansiedad, sino por el tipo de insomnio que viene con la expectativa de algo que no es urgente pero que se espera con una atención particular. El madrugón, la maleta pequeña, el café en un vaso de cartón que no sabe igual que el de casa pero que cumple su función.
Álvaro dormitó durante la primera hora, con la cabeza apoyada contra la ventana y el libro abierto sobre el regazo en l