El teléfono sonó a las cuatro de la mañana.
Laura y Álvaro estaban en el sofá, despiertos desde hacía horas, sin atreverse a dormir mientras esperaban noticias de Lisboa. Nora había entrado de parto la tarde anterior, y desde entonces el tiempo había transcurrido despacio, marcado por mensajes breves de Santi que llegaban cada hora con actualizaciones escuetas.
Álvaro contestó.
—Santi.
—Nació —dijo la voz al otro lado, agotada pero exultante—. Es una niña.
Laura sintió que el aire se le quedaba