Los resultados empezaron a llegar a las once de la noche.
Blanca no miraba las pantallas. Miraba a su equipo, las cuatro personas que llevaban semanas trabajando con ella en la campaña de reelección, todas con los ojos clavados en los monitores que mostraban los primeros datos del escrutinio.
—¿Cuándo vas a mirar tú? —preguntó uno de ellos, sin apartar la vista de la pantalla.
—Cuando alguien me diga un número que ya no pueda cambiar.
Esta vez no había sala de campaña con cientos de voluntarios