Santi llegó del aeropuerto con la mochila más ligera de lo que se había ido.
No porque hubiera dejado cosas en París. La mochila era la misma, con el mismo peso en kilos. Lo que había cambiado era la manera en que la llevaba: sin el ajuste consciente de quien sabe que lleva algo importante y que no puede permitirse soltarlo. Con la soltura de quien ha comprobado que puede cargar con sus cosas y seguir y llegar y volver.
Blanca lo vio entrar primero.
—Tienes diferente cara —dijo.
—¿Diferente cóm