El auto llegó un martes.
Bruno llamó a las nueve y cuarenta de la mañana, antes de que Laura terminara el segundo café, con ese tono suyo que solo usaba cuando las noticias eran buenas y él todavía no había decidido si celebrarlas o guardarlas para cuando el siguiente problema llegara.
—La jueza Montero dictó resolución esta mañana.
Laura dejó la taza.
—Cuéntame.
—Tres tardes por semana más una mañana de sábado. —Pausa de un segundo, el tiempo justo para dejar que aterrizara—. Y sin supervisora