La caja llevaba cuatro años en el estante.
Laura la cogió un domingo sin planificarlo.
No había ninguna razón especial para ese domingo en particular. No era el aniversario de nada ni el cumpleaños de nadie ni el primer domingo de ningún mes que tuviera algún significado que la obligara a ese momento. Era simplemente un domingo de octubre por la mañana con el piso tranquilo y Álvaro en el mercado y los hijos en sus vidas respectivas y el despacho con la luz de octubre que era ya la luz más baja