La llamada llegó a las doce y cuarto del mediodía.
Álvaro llamaba desde la acera de enfrente del centro médico, como siempre, porque tenía la costumbre de salir del edificio antes de coger el teléfono para que la conversación no ocurriera en el espacio del médico sino en el espacio de la calle, que era diferente y que hacía que lo que se decía llegara con otra temperatura.
Laura lo cogió al primer tono.
—Estoy bien —dijo Álvaro.
—Lo sé —dijo Laura.
—¿Cómo lo sabes?
—Si no lo estuvieras, el médi