Pati subió al escenario con un papel en la mano.
No el discurso. El discurso lo tenía en la cabeza, sin notas, porque Pati llevaba veinte años haciendo discursos sobre lo que hacía la Fundación y ya no necesitaba el papel para decir lo que era verdad.
En el papel había un número.
Solo el número. Sin contexto. Sin unidades. Sin el aparato de presentación que normalmente acompaña a las cifras cuando se dicen en público para que el auditorio entienda lo que significan antes de que lleguen al cereb