Madrid en enero.
Laura abrió los ojos.
La habitación tenía la luz gris específica de las mañanas de enero en Madrid, la que entra por las rendijas de las persianas antes de que nadie las suba y que no es suficiente para ver bien pero sí para saber que el día ha empezado aunque todavía no haya empezado del todo.
Veinticinco años.
No lo anotó. No lo buscó en el teléfono para confirmar la fecha ni lo dijo en voz alta para que existiera de una manera diferente. Solo lo supo, con la misma naturalida