El abogado de Carmen se llamaba Ferrán Oliva y llevaba veintidós años gestionando el patrimonio Jones.
Llamó a Álvaro la semana siguiente al funeral para comunicarle lo que Álvaro ya sabía de los meses en que la enfermedad había dado tiempo para ordenar los papeles: el patrimonio se distribuía en dos mitades iguales, una para Álvaro y otra para Ivette, conforme a la resolución que había resultado de la impugnación del testamento original que Carmen había modificado tres años antes en un movimie