Carmen Jones falleció un martes.
Era el último martes de mayo.
Las siete de la mañana.
En su piso pequeño de Malasaña, en la cama que Álvaro había comprado en enero porque la cama original era demasiado alta para que Rosario pudiera trabajar con facilidad.
Con Álvaro, con Ivette y con Rosario.
Rosario había llamado a Álvaro a las seis y cuarto para decirle que la respiración de Carmen había cambiado de patrón. Álvaro había llamado a Ivette. Los dos habían llegado en veinte minutos, Álvaro desde