El avión de vuelta aterrizó en Madrid a las dos de la mañana.
Pati dormía desde la primera hora del vuelo con la facilidad de quien ha aprendido a dormir en cualquier superficie horizontal disponible porque en otro caso no dormiría casi nunca. Tenía la cabeza apoyada en la ventanilla y el abrigo encima como manta y la expresión de quien duerme de verdad, sin la tensión visible de quien solo descansa.
Laura miraba por la ventanilla desde el lado del pasillo.
Madrid desde el aire a las dos de la