Budapest en invierno tenía la luz horizontal de las ciudades del norte en enero: una luz que llega de lado, sin el ángulo alto del sur, la luz de quien sabe que el sol no va a subir más y que ha hecho las paces con eso hace tiempo.
El aeropuerto Ferihegy a las ocho de la mañana: el frío seco que penetra desde las puertas automáticas, el sonido del húngaro en los altavoces de la terminal, el olor específico de los aeropuertos que es siempre el mismo independientemente del país porque los aeropue