El banco estaba libre.
Siempre había algo ligeramente sorprendente en encontrarlo así, desocupado, en un martes de enero con el sol bajando limpio sobre el lago, como si el Retiro hubiera decidido mantenerlo reservado específicamente para esta hora.
Laura lo sabía, racionalmente, que era una coincidencia sin significado especial.
Pero igual se sentó con la satisfacción particular de quien llega a un lugar que reconoce como suyo, aunque no pertenezca a nadie.
Treinta y dos años desde la primera