William se apartó, ajustándose el cinturón como si acabara de terminar una tarea cualquiera.
—La penitencia está saldada —declaró.
Miró a Henry.
—¿Empezamos con el reparto?
Henry asintió, con los ojos brillando de satisfacción.
—Emparejadlas. Que aprendan.
Frederick dio un paso al frente y señaló a Nancy y Erin.
—Vosotras dos, al suelo. Ahora.
No hacía falta explicar nada más. Después del beso que les habían obligado a compartir, aquella conexión debía explorarse más a fondo, bajo presión.
Nanc