El “vodka especial” recorría las venas de Willow como electricidad líquida, derritiendo sus huesos y cubriendo el mundo con pinceladas suaves y benévolas. El miedo, que antes había sido un nudo helado en su estómago, había desaparecido, sustituido por una cálida pesadez. Soltó otra risita, ligera y distante, mientras observaba cómo la habitación parecía girar lentamente a su alrededor. Los hombres ya no le parecían depredadores; eran esculturas hermosas y poderosas. Las mujeres parecían espejis