El rostro de Chloe estaba pálido y sus manos temblaban sobre su regazo. Pasó la mirada del tazón al rostro implacable de Papá, y luego a los demás. Vio su propio terror reflejado en los ojos de ellos. No había escapatoria.
Con un respiro entrecortado, se puso de pie. Caminó hacia el tazón como si se aproximara a la guillotina. Cerró los ojos, hundió la mano y sintió el roce de los papeles en sus dedos. Agarró uno.
Lo desdobló y recorrió con la mirada la elegante caligrafía. Tragó saliva con dif