La semana que siguió fue un borrón de momentos robados y exigencias cada vez mayores. Jeffery estableció un nuevo orden implícito en la casa. El horario de su madre se convirtió en su mapa para la caza. Las clases de yoga de Carol, su club de lectura, sus salidas de compras; cada partida era un pistoletazo de salida.
Leila vivía en un estado de hipersensibilidad, con el cuerpo vibrando en una constante y sutil excitación que era a partes iguales terror y anhelo. El recuerdo de él inclinado sobr