Elena permaneció de pie sosteniendo el teléfono, completamente destruida. La titán había desaparecido. En su lugar no quedaba más que una mujer vacía que acababa de escuchar el costo real de su victoria. Dejó el teléfono despacio y se dejó caer en la silla, con la mirada perdida en la nada.
Papá dejó que el silencio se prolongara, permitiendo que el peso de la confesión de Elena se asentara sobre todos.
—El tazón aún no está vacío —dijo finalmente—. Continuamos. Pero la naturaleza del juego cam