El silencio que dejó a su paso fue absoluto, roto únicamente por el aullido creciente del viento y las primeras gotas gruesas de lluvia estrellándose contra los cristales.
Los minutos fueron pasando. Nadie se movió. Se quedaron mirando sus respectivos objetos, la tempestad al otro lado del vidrio, sus propias manos.
Chloe fue la primera en quebrarse. Un sollozo suave se le escapó del pecho. Miró el collar, que destellaba sin brillo sobre el terciopelo oscuro. Vio reflejado cada instante de plac