Neta-lee rodeó la taza de café caliente con ambas manos, mientras observaba fijamente a la mujer de aspecto regio sentada frente.
La mesera, una muchacha de sonrisa amable — pero bastante torpe —, se estaba tomando su tiempo en traer el pedido que Coralie había solicitado. Ambas se mantuvieron en completo silencio desde que Neta-lee aceptó salir de su apartamento y habían bajado a una pequeña y acogedora cafetería a un par de calles de su piso. Coralie no adelantó gran cosa, aparte de comentar