—¿Nate, cuántas veces has ido al acuario?
La vocecilla de Noah la distrajo.
Apartó la mirada de la ventanilla y miró al retrovisor para encontrar el reflejo del pequeño niño esperando paciente su respuesta. Se volvió ligeramente sobre su asiento, para mirar la parte trasera del vehículo y con ello a Noah. Demien conducía a su lado. El ambiente era una mezcla de música pop de una estación de radio al azar y tensión.
Tras salir de su apartamento, Neta-lee había acordado con su familia que se en