Cuando el contenido de las páginas de internet comenzaron a volverse absurdas, Neta-lee dio por finalizada su búsqueda y cerró la laptop de un golpe. Se quitó las gafas para frotarse los ojos cansados e irritados por la falta de descanso, dejándolos a un lado. Se movió de la encimera, donde llevaba rato sentada leyendo cualquier artículo que se le cruzara en el camino, y se arrastró hasta el sofá, frente a la televisión.
Miró el techo, sutilmente iluminado por las intermitentes luces provenien