¿Por qué será que los seres humanos tenemos la pésima costumbre de repetir una y otra vez los mismos errores?
Como si en el fondo disfrutáramos el golpe sordo en el pie al tropezar con la misma piedra.
O peor: como si necesitáramos comprobar, una vez más, que duele igual.
—No… no puedo. Lo siento.
Las palabras salen de mi boca con una firmeza que no siento. Me alejo de las garras de Cristian mientras mi mente me castiga sin piedad, recordándome lo estúpida que soy por haber permitido que llegár