Lisa
A la mañana siguiente me desperté con un dolor de cabeza leve, pero persistente. No era físico. Era emocional. Una mezcla de vergüenza, bronca, confusión… y algo que prefería no nombrar. Dormí pocas horas. Cada vez que cerraba los ojos veía el puño de Cristian impactando en Rafa, la furia en su mirada, la forma en que me habló, la forma en que me miró.
Y también veía a la rubia, de pie en la puerta, sin entender nada.
Me forcé a levantarme, a ducharme, a prepararme. La cafetería no se i