Narrador omnisciente
Lisa se arrodilló frente a ellos, con el corazón todavía temblando por todo lo que había pasado esa tarde. Acarició el cabello de Mateo, luego el de Mara, y tomó aire antes de hablar.
—¿Saben que los amo, verdad?
—Sí, mami —respondió Mateo con esa seguridad dulce que siempre la desarmaba—. Y nosotros a ti.
Lisa los observó. Sus ojos llenos de esperanza, de ilusión… y de una certeza que ella ya no podía negar. Tragó saliva.
—Yo entiendo —continuó con suavidad— que